8 cosas que hacíamos de pequeños y que te encantaría hacer ahora

¿Por qué cuando éramos pequeños queríamos ser mayores, y ahora que somos mayores queremos ser pequeños?

Posiblemente creas que tu vida, tal y como la conoces, está bien. Pero eso solo es porque no te has parado a pensar en cómo era tu vida cuando eras pequeño. Todo estaba permitido. Tus únicas preocupaciones eran jugar y ser feliz. Dormías 11 horas diarias y nadie te decía nada... ¿De verdad era necesario crecer?

1. Comer Cola Cao / Nesquik a cucharadas. 

La primera vez lo hiciste porque el gracioso de tu primo mayor quería echarse una risas. Las demás no tienen excusa. Sabíamos lo que iba a pasar: toser a muerte, escupir parte de lo que te habías metido en la boca y llenar todo de polvo de chocolate, pero daba igual, lo importante era intentar que esa vez no ocurriese. 

2. Escribir un diario.

A lo mejor no escribías todos los días, pero creeme, lo importante estaba ahí. Todos los secretos inconfensables que no podías contar estaban plasmados en ese pequeño cuaderno. Lo mejor de esos diarios es cuando haces limpieza en tu cuarto, los encuentras y lees los dramas que tenías a los 8 años. Ahí empezó la Drama Queen que eres ahora. 

3. Merendar pan con chocolate. 

La merienda por excelencia. Y si no lo has comido nunca, no has tenido una infancia feliz. 

4. Robarle la ropa a nuestros hermanos mayores.

Para hacer que eramos personas adultas con trabajos super importantes. Aunque bueno, la verdad es que ahora seguimos cogiéndoles la ropa, ¿pero qué podemos hacer si nos queda mejor que a ellos? 

5. Poner pucheritos para conseguir cualquier cosas.

Y, por supuesto, conseguirlo. 

6. Comer chuches. 

Y patatas. Y bollicaos. Y chocolate. Y más chuches. Y no sentirnos ni un poco mal por ello. Y lo mejor de todo... no engordar absolutamente nada. Quizá el truco estaba en estar toda la tarde corriendo y saltando en el parque... ¿Hasta que edad se puede seguir haciendo eso? Es para un amigo...

7. Ir a hacer recados y quedarte con la vuelta. 

Tus padres ya sabían que te lo ibas a quedar, pero tú te sentías la persona más pícara del barrio con tu nueva fortuna de 50 céntimos. 

8. Dormir en cualquier sitio. 

Daba igual que estuvieses en casa de tus abuelos, en el parque, o en el sofá de tu casa, podías dormirte en cualquier lado que nadie te decía nada. ¿Lo mejor de todo? Acostarte en un sitio y despertarte en tu habitación por arte de magia. 

¿Alguien más quiere volver a tener 9 años?

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