El decálogo de la vida del opositor

Los 10 hábitos más comunes de la vida del opositor. Y sí, hay mucho café de por medio.

Te gradúas, haces tu correspondiente máster y sientes la llamada —no sé si con toda la fuerza—, pero la sientes.

El sector público ha llamado a tu puerta para que oposites, es la gran oportunidad de optar a un puesto de trabajo vitalicio, un chollo en toda regla, ¿no? Y también una travesía por el desierto que ni Jesús de Nazaret.

Tu vida ha dado un giro por completo y seguramente estos sean tus nuevos hábitos:

1. Despertarte pronto, primer café, echar un vistazo a todos los boletines en los que aparecen ofertas de trabajo público y mirar si hay alguna convocatoria que te interese o se ajuste a tus estudios.

2. Revisión de las páginas web oficiales en busca de novedades.

Buscas que hayan salido las listas, que tu nombre y datos aparezcan bien, o cuando vez que ya aparece la tan temida convocatoria al primer examen y tu cara es algo así:

3. Segundo café, eliges entre la pila de apuntes, normativas y otros temas cuales vas a estudiar hoy.

Los nuevos, los lees. Los “seminuevos”, los subrayas. El resto lo repasas.

4. En caso de aparecer una nueva convocatoria:

Remueves todos tus títulos y demás documentación para presentarla y esquivar los reveses de la burocracia. Lees detenidamente las bases por si hay alguna forma de escaquearte de pagar las tasas.

5. Excursión a registro de entrada.

Después de la cola interminable, rezas al karma, a los dioses nuevos y antiguos y a la divina providencia para que de una vez por todas te llamen. Si consigues que el proceso no tenga ningún error, siéntete satisfecho.

6. Academia, ¿alguien ha dicho academia?

Ese lugar de entrenamiento marcial donde vas a tener que estar en alerta felina durante las horas de clase, no vaya a ser que te pregunten y te pillen desprevenido o se vea el plumero de que esta semana has flaqueado un poco a la hora de estudiar.

7. Comer… Si vives acompañado, el servicio de restaurante va a ser tu mejor aliado.

En caso contrario, lo más rápido y (opcionalmente) sano que puedas encontrar. Es el momento de poner con cierto recelo un capítulo de esa serie que tanto te gusta. Como premio a una mañana productiva. Aprovecha para tomar tu tercer café.

8. ¿Pasear? ¿Cervecitas? NO, BI-BLIO-TE-CA.

Si pensabas que no la ibas a volver a pisar, estabas rematadamente equivocado. A veces hasta se agradece el paseíto en el cual, seguramente pones en práctica tus conocimientos del temario aplicándolos en la calle. 

9. Después de una tarde productiva con su correspondiente coffee break, que mejor que una cena ligerita y otro capítulo.

10. Finalmente, ve a dormir pronto, mañana toca repetir todos los pasos anteriores.

Seguramente me falten muchos más pasos en la cotidianeidad opositora de los que hay aquí, pero el mínimo suele ser éste.

Se trata de una maratón con algunas veces finales inciertos o poco satisfactorios. Pero a su vez, si se consigue lo que se busca, es una de las sensaciones más extremadamente placentera que se puede sentir.

Así que a todos mis compañeros opositores, ¡ánimo!

Historiador del Arte y Periodista Cultural, amante del social media, las series, cine, arte, los paseos por la gran ciudad y cafeinómano empedernido. La vida con una sonrisa siempre es mejor y rodeado de quien más quieres, insuperable.
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