Por qué Celia era más (y mejor) millennial que nosotros

A pesar de ser una niña de la alta burguesía madrileña de la época de la preguerra, Celia tenía más de millennial que muchos de nosotros.

Este año se cumplen 25 años del estreno de "Celia", una de las series de menor duración de la historia de nuestra televisión, pero una de las más exitosas y que han dejado un mayor legado. Antes de que sus seis capítulos congregaran a más de siete millones de españoles frente a la tele, Celia fue el personaje de literatura infantil favorito de los españoles.

A pesar de ser una niña de la alta burguesía madrileña de la época de la preguerra, Celia tenía más de millennial que muchos de nosotros.

1. "¿Y usted como lo sabe?

¿Que le mandaban a la cama porque tenía sueño? ¿Y usted como lo sabe? El sueño es mío... ¿Que las monjas del colegio le decían que su ángel de la guarda estaba llorando? ¿Y cómo lo saben? Porque ella no lo veía por ninguna parte... El planeta adultos era territorio comanche y no había motivo para aceptar nada sin una buena razón. 

2. Los zascas existen desde que Celia nació. 

Pobre del que le comentase a Celia que su mamá se maquillaba la cara... "Y tu papá no tiene pelo en la cabeza y le sale por la cara". Hoy día no existe explicación posible a cómo una mocosa de siete años se sacaba de la manga tan ingeniosas contestaciones. 

3. Se rebelaba contra las injusticias. 

Sole, alias Solita, era la humilde hija del portero y la mejor amiga de Celia. Como su propio mote indica, acostumbraba a pasar las jornadas sola, escoba en mano, limpiando el portal y el patio donde vivía. No contenta con hacerse su íntima, Celia le regaló todos sus juguetes el Día de Reyes. Igual de injusto le parecía a la pequeña llevar a un burro al matadero. ¿Cómo evitarlo? Metiéndolo en su lujosa casa del barrio de Salamanca, por supuesto. 

4. No tenía un sólo amigo de "su clase". 

Además de Solita, Celia conoció a muchas niñas ricas en el internado donde sus padres la enviaban a estudiar. Pero de ninguna fue tan amiga como lo fue de la pandilla de Lamparón y Pronobis, dos monaguillos pobres que se dedicaban a revolcarse por el suelo y sonarse los mocos con la ropa. ¿Diferencia de clases? ¿Qué es eso? 

5. Nunca repetía trastada. 

Soltar la ducha sobre su hermanito vestido, corretear por su casa, cortarle el pelo a la doncella, ridiculizar a su niñera inglesa, pintarles bigotes con ceniza a sus compañeras de internado mientras duermen, romperle una cesta entera de huevos al huevero... Y le daban las diez y las once y no había acabado. 

6. La ironía frente a la rigidez. 

Twitter llega 50 años tarde. Con sólo una imitación conseguía dejar en evidencia a la mismísima madre superiora.

7. Tiraba de inventiva para cambiar el mundo. 

Celia leía y escuchaba muchísimo y luego escribía sus propios cuentos, en los que vivía aventuras lejos de la realidad. Su tata Doña Benita también era buena fuente de inspiración. 

8. El primer "chicazo". 

Seamos sinceros: el personaje de Celia estaba construido desde los primeros ecos del feminismo, y como tal, no podía seguir el rol de género que imponían las monjas del colegio. Celia era una verdadera manazas con lo que tuviera que ver con coser, planchar, cocinar... Mientras sus compañeras demostraban sus destrezas con las tareas del hogar, ella era el chicazo del grupo. Ojo: dicho por las monjas. 

9. Sí. Celia (y su autora) también sufrieron duras crisis. 

Los libros de Celia estuvieron bajo la lupa del franquismo y su autora, Elena Fortún, tuvo que exiliarse en Argentina durante los años más duros de la represión. Durante ese tiempo, no hubo más Celia hasta una buena temporada después, cuando se publicó el libro Celia en la revolución, que desapareció de las librerías y que ahora ha vuelto a ser reeditado. Este libro es una suerte de diario escrito casi en tiempo real. Los millennials actuales no somos los únicos que viven crisis. 

10. Y sí. Celia también crecía. 

Pero Celia no era Peter Pan... y al final, la madurez también terminaba llegando a ella en uno de los últimos libros, Celia madrecita. Todo acababa viendo cómo era ahora Celia la que, con 14 años, les decía a sus hermanos y sus primas pequeñas aquello de "menos lobos, Caperucita".

Aprendí en La Ser y en la Escuela de Periodismo UAM-El País. Aficionada a todo. Soy periodista con opiniones propias.
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