10 cosas que siempre te pasaban en los campamento de verano

Experiencias para toda una vida en tu memoria.

1. Las bromas por la noche se convierten en algo que deseas que pase.

Esas bromas de los monitores por la noche, hacen gracia para ellos, pero es que sabes que un campamento no será lo mismo sin esas bromas nocturnas.

2. Te conocen por algún mote extraño que nunca nadie te había puesto.

Véase cachalote, buhíto, fuego, etc. Son motes de campamento que no salen de ahí porque nadie más entendería.

3. Aprendes a ducharte con agua fría, muy fría.

Es así, el agua caliente no llega para todos, y menos si te toca la tercera ducha de las chicas en la que directamente no funciona el grifo de agua caliente, ahora que si eres Marta o Iciar y eres espabilada le pasas la ducha mala a las niñas pequeñas.

4. Engordas. O adelgazas.

O las dos cosas, engordas porque comes mucho mucho porque tienes mucha hambre pero es que luego te mueves mucho más que nunca y el balance se vuelve loco. Tu cuerpo ya no sabe si engordar o adelgazar.

5. Comes mucho pan.

Demasiado. A mediodía, en la merienda, por la mañana… da igual, el pan es algo indispensable y por pedir que no falte.

6. Haces amigos que nunca olvidarás.

Porque todos sabemos que los amigos de los campamentos de verano son esos que nunca vas a olvidar, esos que nunca se irán de tu memoria incluso aunque no vuelvas a verlos.

7. Si es tu cumpleaños te felicita más gente que nunca.

De repente es tu cumpleaños en un día de campamento y si hasta ese momento había alguien que no te conocía ya te conoce. Y a lo mejor vienen los monitores a las 3 de la mañana a cantarte el cumpleaños feliz y tú al día siguiente no te acuerdas de nada.

8. Te enamoras.

De esas amistades irrompibles a veces surgen amores, amores de campamento que a veces llegan más allá año tras año y otros amores que se quedarán por el camino como bonitos recuerdos.

9. Descubres las dos caras de los monitores: ahora somos colegas, ahora estás castigadísimo.

Venga nos lo estamos pasando genial pero en cuanto me toques un poco las narices empiezo a ser monitor ogro y la liamos, así que mejor vamos a seguir bien.

10. Lloras cuando se acaba.

Lloras de tristeza, de felicidad, lloras de amor, de amistad, simplemente lloras. Lloras al ver llorar a los demás, lloras porque es algo que se acaba y ha sido maravilloso, algo que te ha dejado personas y momentos irreemplazables. Experiencias para toda una vida en tu memoria. Pero se tiene que acabar, porque lo bonito de los campamentos de verano es que son efímeros, si duraran para siempre perderían esa belleza que tienen.

Las palabras son, junto con los gestos y miradas, el mejor vehículo de expresión. Estudiante de Magisterio, escritora en potencia y proyecto de fotógrafa. Escribir es mi manera de decirle al mundo que aquí hay alguien a quien deben escuchar.
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