7 cosas que no le desearías ni a tu peor enemigo

Son demasiado malas.

Existen ciertos cosas pequeñas a la vez que apocalípticas que amenzan seriamente nuestra supervivencia como especie en el día a día. Aquí os traemos siete de ellas.

1. Pequeño golpe en el dedo meñique. 

Quizá una de las peores amenazas a la que nos enfrentamos. Ese pequeño dedo que debería haberse extinguido con la evolución, tan mono, y que solo sirve para chocarse contra las esquinas de los muebles y las patas de la cama. Es el hermano tonto de los demás. Lo peor: al principio no duele...pero a los dos segundos te encontrarás ardiendo entre las penas del infierno, revolcándote por el suelo.

2. Asentamiento de espina de pescado en tu garganta. 

La venganza de la Madre Tierra por comernos a sus crías no se hace esperar. Comes tranquilamente algo nutritivo y sano cuando, sin darte cuenta, una pequeña espina se aloja en tu garganta. A partir de ahí, la comida se convertirá en una agonía que transcurre entre beber agua y comer miga de pan. Incluso cuando ya no tengas la espina, parecerá que la tienes. Las salchichas serán cancerígenas según la OMS, pero no tienen espinas. La próxima vez me trago el pez entero, que eso no se clava.

3. Golpe en el codo. 

Entre el cúbito, húmero y radio existe una pequeña zona que es proclive a golpearse contra respaldos de sillas o picos de mesa. Exacto, estamos hablando de ese "hueso de la risa" que nació en nuestra especie como un método de hacer reír. A los demás. De ti.

4. Corte con papel. 

Mientras tu estás tranquilamente leyendo un libro, o estudiando unos apuntes, el alma del árbol que reside en el papel decide vengarse de la especie humana. Y un leve movimiento de tu dedo en el ángulo correcto provoca que te seccione la piel. Duele mucho. Y no tiene ningún sentido. Además, puede provocar la muerte, al menos si eres hemofílico. Crearé una propuesta en Change.org para prohibir el papel.

5. Mordedura de moflete/lengua. 

No solo comer pescado tiene riesgos. También cualquier cosa sólida, en general. La lucha entre los dientes, la lengua y la parte interior de los carrillos es una guerra que pasa de generación en generación. En el momento menos pensado...¡ZAS!; se atacan. En el caso de los mofletes es algo sangrante (además, literalmente también): te muerdes, se te hincha, como está hinchado te muerdes, se te hincha más...un ciclo sin fin. Con lo inocentes que parecen, y cuanto sufrimiento pueden dar.

6. Padrastro. 

Y no, no hablo de tu padre adoptivo. Me refiero a ese centímetro de piel que quiere independizarse de tu cuerpo y, para ello, monta una revolución en tu dedo. Intentarás acabar con este ataque arrancando al trozo de piel disidente pero no, no podrás, porque empezará a unirse con el resto de tu piel y, ante el temor de que acabes despellejado, omites cualquier intervención. Esos días no tendrás el dedo para un anuncio de crema de manos, lo sentimos.

7. Astillas. 

Los árboles tienen miles de formas de vengarse, no únicamente la del papel. Cada vez que se fabrica un mueble, un método ancestral de defensa se activa: la madera se convierte en una arsenal de pequeñas espadas esperando el momento para clavarse en tierna e inocente piel. No es lo más horrible del mundo, pero tener una cosa metida entre la piel de forma invisible. La vida es dura

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Graduado en Derecho, estudiante de máster, ciudadrealeño de nacimiento y madrileño de adopción/elección. Aprendiz de ilusionista y de escritor. Amigo en potencia (para desconocidos) y en acto (para ya íntimos). Ni el fuego ni internet; el mejor invento ha sido la escritura.
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