Las 7 situaciones más incomodas que todos hemos vivido

Da igual lo cool que seas, hay situaciones en las que todos, incluso Beyoncé, nos sentimos incómodos.

Da igual lo cool que seas, hay situaciones en las que todos, incluso Beyoncé, nos sentimos incómodos. Son esas situaciones en las que no sabes qué hacer, lo único que quieres es que pase el tiempo lo más rápido posible y olvidar esos segundos para siempre. Por desgracia, algunas de ellas duran un poco más y te ves obligado a poner cara de póker mientras lloras por dentro deseando que caiga un meteorito y destruya la Tierra, lo que sea para librarte de ese mal trago. Seamos realistas, el meteorito nunca cae y lo único que te queda es resistir. Si te sirve de consuelo, no estás solo. Todos pasamos por situaciones incomodas. ¡Fuerza, hermano!

1. Subir al ascensor con un vecino. Subir al ascensor con un desconocido siempre es incomodo pero si es con un vecino, es aun peor. Estas obligado a sacar conversación si no quieres parecer un borde. Por eso todos nos echamos a correr cuando vemos que un vecino se acerca al portal y le damos al botón del ascensor como si nos fuera la vida en ello. Por desgracia, la mayoría de las veces el vecino es más rápido que el ascensor y no te queda más remedio que subirte con él. Con la sonrisa más fingida del mundo preguntas “¿A qué piso va?” Con la esperanza de que se baje en el primero. “Al quinto.” Mierda. Ahí los tienes, los 30 segundos más incómodos de tu vida. Tienes que decir algo, lo que sea y no se te ocurre nada. Al final siempre acabas hablando del tiempo y alargas el tema lo más que puedes, como si la meteorología fuera de repente la cosa más interesante del mundo. Si se hace el silencio, estás jodido. ¡Huye de esa celda lo más rápido que puedas!

Las 7 situaciones más incomodas que todos hemos vivido | The Idealist

2. Caerte en la calle o en algún lugar público. No hace falta explicar porqué es incomodo quedar en ridículo delante de diez, cien o mil personas que, además, parece que tengan un detector de caídas porqué cuando te caes todos te están mirando. Hay diferentes maneras de reaccionar ante esta situación: Puedes levantarte y hacer como si no hubiera pasado nada, aunque no sirve de mucho porqué todo el mundo ya te ha visto hacer un doble salto mortal. También puedes reírte de ti mismo o cagarte en todos los que te están mirando. Pero bueno, no te esfuerces demasiado, hagas lo que hagas, no hay manera de salir con dignidad de una caída pública.

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3. Mear en un lavabo público en que solo hay una persona. Entras al lavabo y te encuentras a alguien que conoces. No hay nadie más dentro y ya sabes qué significa eso: va a oír como meas, cada gota va a ser un concierto para sus orejas. Llevabas cuatro horas aguantándote y, claro, el pis te dura casi 30 minutos y hace el mismo ruido que las cataratas del Niágara. La persona que está fuera ya se ha dado cuenta de que tienes algún problema y no la vas a poder volver a mirar a los ojos nunca más. El colmo de esta situación llega cuando, mientras meas, se te escapa un pedo sonoro que resuena por todo el baño. Si te pasa eso solo tienes dos opciones: ahogarte con el agua del váter o matar al testigo.

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4. Cuando pierdes a tu amiga y te quedas sola en la discoteca. Activas el radar y en 10 segundos repasas toda la sala buscando a tu amiga. No está, ha desaparecido. Empiezas a creer que la han raptado pero eso a ti te da igual, lo único que te preocupa es que te has quedado más sola que la una. Estas plantada en medio de la pista, rodeada de desconocidos bailando con sus amigos y no sabes que hacer. Intentas disimular bailando sola con tu mejor sonrisa fingida pero por dentro te sientes la persona más imbécil del mundo. Todos te están mirando y tu cara de “que bien me lo estoy pasando, me encanta bailar sola” no cuela para nada. En ese momento darías lo que fuera por encontrarte a alguien conocido y pegarte como una lapa a sus brazos, incluso a tu madre.

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5. Cuando alguien te pilla cantando o bailando como si estuvieras en el karaoke. Reconozcámoslo, todos lo hacemos. Cuando nos quedamos solos en casa nos ponemos delante del espejo del baño y lo transformamos en un karaoke o en el mismísimo Estadio de Wembley. La música a tope, preferiblemente con auriculares, cogemos un peine de micrófono y nos creemos estrellas del rock. Pero el estrellato se acaba de golpe cuando alguien abre la puerta y nos pilla interpretando la performance de nuestra vida, saltando en el baño como un chimpancé o intentando, sin éxito, hacer twerking a lo Nicki Minaj. Es una de las situaciones más embarazosas en las que te pueden pillar. Te quieres morir y ya de paso matar a la persona que ha abierto la puerta sin llamar. No te preocupes, no eres el único que lo hace aunque nadie jamás te lo va a reconocer.

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6. Cuando te encuentras a un conocido por la calle y no sabes si pararte o seguir andando. Si te paras para hablar y la otra persona sigue andando te conviertes automáticamente en un pringado y si no lo haces eres un borde. No es una decisión fácil y no hay una respuesta correcta (hagas lo que hagas va a ser raro). Lo único que puedes hacer fiarte de tu instinto y esperar a que no te falle. Suerte. Una variante de este dilema moral ocurre cuando tienes claro que no te vas a parar porqué sabes que la otra persona tampoco lo hará así que solo saludas. El problema está en que tienes que elegir entre decir “hola” o “adiós” sin saber que dirá la otra persona, y todo esto en una milésima de segundo. Tortura china. No sabes porqué pero siempre escoges la respuesta incorrecta. Cuando te sale un “hola” y la otra persona te responde con un “adiós” has metido la pata y te sientes como si te hubieran dicho “quita bicho”. Lo mejor es decir siempre adiós, así al menos eres el seco que va de superior y no el pringado que acaba de recibir una bofetada.

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7. Cuando te encuentras al chico que te gusta en el súper. No hay peor sitio para encontrarte con el chico que te gusta que en un supermercado (bueno quizás en el ginecólogo o en un funeral, pero el súper está cerca). Llevas tus peores pintas: chándal o una versión light del pijama, sin maquillar y un moño que parece un nido de pájaros. De repente ves al chico que te gusta y te quieres morir. Evidentemente, el va vestido como si estuviera andando por la pasarela de Armani, como siempre. Intentas esconderte detrás de las botellas de Coca-Cola pero ya es demasiado tarde. Te ha visto y quieres morirte. ¿Por qué a mí? ¿Por qué aquí y ahora? Encima, en la cesta de la compra solo llevas un paquete de tampones, un tarro de Nutella, un paquete de Donuts y un par de bolsas de patatas fritas. Después de tal humillación ya puedes ir pensando en otra persona a quién dedicarle tus frases de Instagram.

 

[Colaboración: Núria Emilio Estapé]

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